Cierto era, por razones como tú había rezado un par de veces en las madrugadas cuando no podía dormir. Me preguntabas que hacía despierto a esas horas y nunca tuve el valor de responder. Confíe que sería la primera vez que el destino se había propuesto darme un poco de fe, quería sentir que los grandes momentos pueden ser para siempre.
Pero te fuiste poco a poco, primero en segundos, luego en años. Después ya no recordaba tu voz ni los bailes que hacías en la cama para hacerme creer que te gustaba esa música tan loca que no conocías.
Fue un adiós silencioso, un abrazo fuerte, de esos que tienen los que no saben llorar y no saben creer.
B.

Comentarios
Publicar un comentario