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Mostrando entradas de junio, 2013

Somos promesas de ayer

- ¿Sería posible que me dijeras que pasa? - Sólo se callar. - Deberías decirme algo, ya no siento tu presencia aquí, donde estas. - Debes alejarte de mi antes que termine de morirme. - Entiende que no quiero perderte. - Entiende, no sigo... No soy quien parezco, ya no merezco el amor... No creo en esas cosas. - Olvidas aquella tarde de verano que fuimos... - No me digas... Tal vez son esas cosas las que me mantienen aquí. Perdóname, nunca quise que fuese así, no quise que todo tomara el rumbo que tomo, porque has sido quien mas he querido, nadie igualaría el amor que he sentido por ti todo este tiempo. - No eres lo que aparentas. - Simplemente no soy quien creía que era. B.

Yo ya no tomo café

-           ¿Lo mataste? -           Supongo que le hice un favor… -           Supongo lo mismo también. Un cuerpo que solo pertenece a los rastros del viento no podría convivir con la tierra. O eso creíamos. Me alegra que lo hayas hecho. Lo necesitaba. -           Tuve un momento para decirle que… creía que competía con el amor que tenia entre sus piernas. Que tan miserable se puede ser, un toque… Un beso. Los besos que le di solo me dejaron caer. Un perfil psicológico de lo más práctico era la conclusión del sociólogo Sebastián Ebers, durante sus pocos años de carrera aplicada al estudio del origen del crimen en los países tercermundistas simplemente le había reparado dos grandes causas: el hambre y el sexo. La pasión en la convivencia diaria del pueblo de Grand Roche preval...