"Incertidumbre..."
Era habitante de muchas noches que a distancia él vivía en
reconocimiento de su ideal amorío.
Recuerda ese día que la conoció. Una risa abrupta salía en
medio de ese almuerzo donde se reunían más de trescientas personas. Ella
contaba entre gestos una divertida anécdota, era como si las condiciones de la
relatividad significaran mucho ante sus ojos.
Se contemplaban, un nexo parecía circular en medio de
espacios de aire y ruidos que se deformaban entre los cuerpos en movimiento. Su
vinculación intelectual era más fuerte entre las perturbadas miradas.
"¿Cómo se puede conocer en tan poco tiempo?"
No pudo evitar acercarse y preguntarle si sabía algo de
Benedetti. No terminaron de mirarse cuando ya tenían todo un compendio de vidas
entrelazadas.
"¿Se puede creer en los rayos que caen en medio de
tanto espacio y tiempo?"
El viento de Neruda, la Nariz de Góngora; eran almas
incomprendidas, una pasión que retenía la moral y
la decencia. Su último día fue amotinador, ver como bailaba de manera
irreverente en medio de todos, ese mismo momento que le determinaba que todo dolería.
Ella lo amaba y no lo sabía, él la necesitaba pero no podía.
"¿Sabes cuál es su mentira?"
Su facilidad de mirarla a la distancia. En medio de
murmullos que solo su mente entendía.
"Incertidumbre..."
Su respuesta no tuvo mucha diferencia, tocando su rostro,
sabiendo que el mañana no la devolvería, le perjudico hasta el último de sus
instintos, frágil y vacío, oculto en la oscuridad absurda que nunca tenía
sentido:
"¿Sabes cómo se que llega el otoño?"
Ella, mirando por esa apertura hacia el atardecer que
amadrinaba esa ciudad que le remontaba desavenencias de sus ojos escucho como
él le decía:
"Tengo esta necesidad atorada y no tengo más presencia
que esa conversación de que no tienes leche para el café"
B.
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