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Historia Patria, le decían. II

"Incertidumbre..."


Era habitante de muchas noches que a distancia él vivía en reconocimiento de su ideal amorío.

Recuerda ese día que la conoció. Una risa abrupta salía en medio de ese almuerzo donde se reunían más de trescientas personas. Ella contaba entre gestos una divertida anécdota, era como si las condiciones de la relatividad significaran mucho ante sus ojos.

Se contemplaban, un nexo parecía circular en medio de espacios de aire y ruidos que se deformaban entre los cuerpos en movimiento. Su vinculación intelectual era más fuerte entre las perturbadas miradas. 



"¿Cómo se puede conocer en tan poco tiempo?"



No pudo evitar acercarse y preguntarle si sabía algo de Benedetti. No terminaron de mirarse cuando ya tenían todo un compendio de vidas entrelazadas.



"¿Se puede creer en los rayos que caen en medio de tanto espacio y tiempo?"



El viento de Neruda, la Nariz de Góngora; eran almas incomprendidas, una pasión que retenía la moral y la decencia. Su último día fue amotinador, ver como bailaba de manera irreverente en medio de todos, ese mismo momento que le determinaba que todo dolería. Ella lo amaba y no lo sabía, él la necesitaba pero no podía.


"¿Sabes cuál es su mentira?"



Su facilidad de mirarla a la distancia. En medio de murmullos que solo su mente entendía.


"Incertidumbre..."

Su respuesta no tuvo mucha diferencia, tocando su rostro, sabiendo que el mañana no la devolvería, le perjudico hasta el último de sus instintos, frágil y vacío, oculto en la oscuridad absurda que nunca tenía sentido:

"¿Sabes cómo se que llega el otoño?"

Ella, mirando por esa apertura hacia el atardecer que amadrinaba esa ciudad que le remontaba desavenencias de sus ojos escucho como él le decía:

"Tengo esta necesidad atorada y no tengo más presencia que esa conversación de que no tienes leche para el café"



B.

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