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Un café siempre ayuda, especialmente a los perdidos



"Hace un año y medio exactamente no escribía."





Tengo esta amiga que recibe mi descarga emocional, con una introspección de mi y volver a verla después de su larga estadía entre Argentina y México me instó a escribirlo. En nuestra conversación, le comenté: 

- "Hace un año y medio no escribo. Hay un poema que hace referencia a mi bloqueo y realmente creo que estoy aquí, sin respuestas." 

Su curiosidad ante que eventos había sobrellevado durante un año de cambios y choques emocionales, posiblemente para una persona que no atendía sus sombras de la forma adecuada, le hizo concluir que estaba enamorada de alguien.

Mi facultad y mi resistencia para proporcionar mis verdaderas emociones había sido una constante incluyendo la opinión de amigos de años que decían que era la más hermética de todas las personas, contradiciendo mi capacidad para decir las cosas de frente. Tenía ciertos refugios que había desarrollado durante un tiempo.

Regresando de vivir en Italia, con incluso una disminución importante de mi peso, venía con la mente abierta en todos los aspectos. Sentía una necesidad implorante de correr al próximo avión. Se sumaba cada eventualidad que destaca la sociedad que vivo, tenía un agotamiento atroz de convivir. Aún así, me sentía orgullosa de cada paso y de los logros obtenidos. Me había alejado de los medios en que siempre me vincule: liderazgo, danza, deportes, escribir.

Tuve un desarrollo profesional importante a partir de los últimos años, con un crecimiento acelerado y un compromiso exhaustivo. También me había propuesto viajar la mayor cantidad de oportunidades posibles, para completar mi curiosidad de comprender comportamientos y entender los conflictos. Incluso, salí de una decepción personal muy importante que cambió abruptamente mis ideas de lo que debo hacer por otros. Aún así, no había variado mucho, seguía siendo una idealista y en definitiva, una persona comprometida. 

Cuando creces en una sociedad en que muchas veces la palabra vale nada, ser fiel a lo que dices, crees o sientes es un hecho impactante que te puede llevar a desistir y caer en un abismo. Entre esas decisiones, mi vida giraba en torno a sepultar mis muertos, aceptarlos y olvidarlos.

El año anterior había sido un año ilusorio. Tenía mucha motivación de lograr lo que deseaba. En realidad, perdí muchas veces, en todos mis aspectos. Un clímax se aproximó a principios de este año, el cual se destaco por hacerme sentir miserable desde el día uno. Había realizado un viaje a finales de año, con la esperanza de encontrar respuestas que mi cabeza no paraba de hacer, además de que me moría por conocer la nieve en su esplendor. No dependía de las respuestas de nadie, pero necesitaba responderme desde lo profundo del corazón.

La vida te da respuestas en medio de los caminos que cruzas. Yo no veo bien, así que a mi me tiene que golpear.

Tuve una fuerte depresión el primer mes del año, a nivel de afectarme en muchas vertientes de mi vida. Mi madre me visitaba con regularidad por su preocupación de mi estado. Me estaba llevando a un nivel ínfimo y decidí hace un par de meses acabar con uno de los principales causantes. Realice un nuevo viaje, seguí recibiendo malas noticias, incluso inconclusas. Sentía que cada notificación era una falsa alarma de felicidad. Uno comienza a creer que lo conveniente es alejarse de todo lo que represente un peligro o atentado contra sí mismo.


Mi decisión de cambiar de rumbo fue la consecuencia. Rechace propuestas, desistí en ciertos objetivos y acepté lo que viene para mi. Incluye la fe que otros aún insisten en tener. Incluye la fe que tengo en otros. Incluye los que me han dejado cuando más lo necesito. Incluye no exponerse. Incluye enfocarse. Acaba siendo un reencuentro con el tiempo y el motivo.

- "Hace un año y medio que no escribo. No le escribo a nadie ni siquiera una frase de amor."

Mi amiga, responde con su sonrisa de siempre: 

- "Tu, no dos... De ti, no se sacan dos versiones."


B.


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