Veranos como los que viven extraños que tienen intensiones de encontrar lo incierto y alucinante, esos veranos como tu y yo que se han despedazado en falsas promesas, esos de los que tanto hablamos, solo me quedan en memorias que he decidido postrar ante paredes blancas.
Los monstruos que deje entrar en mi cama se habían apoderado de cada extensión de mi cuerpo, de cada retazo de mi alma. Me hundía en ellos y su gracia para destruirme. Llegue a pensar que no existía la posibilidad de sobrellevar mis causas, hasta que la única oportunidad era tenerte.
Igual forma, llegaste sin querer estarlo y yo no esperé que cruzaras la puerta.
B.

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