Ante la expectativa de un pronto viaje, tomo sus cosas y las guardo. Reviso, observo las fotos que tanto había cuidado, su abuelo, el fulo, al que tanto se parecía; empedernido soñador, atribulado de miedos y frustraciones. En ese momento, recordó: ¿Quién eres? ? ¿En qué te has convertido? ¿Cuándo conseguiste tantos vicios?. Ciertamente la tristeza te estaba matando, te estaba destruyendo la soledad, aunque te negabas a ti mismo ese hecho.
Había fumado su primer cigarrillo, el humo no le permitía reconocer su rostro y solo sentía que el alma se iba en jalones. Y la viste con él. Dios, en que puesto te has hecho, la situación era tan incomoda que el vicio se hacia más anuente. Te dolía, pero que importa, al fin y al cabo, ya no tienes corazón. Eras la persona más predecible del mundo, sabia ella que te afectaría de gran manera tal situación. Dicho y hecho.
Camine sin despedirme, las luces del parque me empapaban entre mis absurdos pensamientos. Me sentí lo peor posible con respecto a estas proezas que decidí ocultarme en mi dolor y marcharme con el vicio capturado. ¿Cómo sonreír?
Las reflexiones no dudaron en llegar y cada vez que me recostaba en la cama, salían los fantasmas de las noches contigo. Las risas que siempre supe iban a terminar mal. No era nuevo esto, yo sabía que pasaría, yo sabia que lo harías. Yo sabía que querías herirme y me preparé para ello. Pero como cuando un tornado se aproxima, no importa que tan oculto estés, te arrebatará todo, así fui arremetido contra la inconciencia, el dolor y el arrepentimiento. El arrepentimiento...
Siempre te dije, "No busques que me arrepienta de ti".
Palabras se las lleva el viento.
Palabras que te llevaste.
Palabras que no nombraste.
Aún no comprendo que conocí. Se que en tus ojos ocultabas tu desgracia. Esa noche decidí enterrarte con todos aquellos que había decidido olvidar. Pero tu no me querías dejar en paz.
-
Pero en la desgracia me amo, así tan intenso, tan profundo, tan perpetuo.
Así indescriptible era ella.
Tu mujer, no te pareces en nada a la otra susodicha inconsciente.
Sabes, en ese momento que vivía aquella depresión nocturna, recordé cuando me recogiste en pedazos a causa de una fiebre que me estaba matando, que no me permitía acercarme a la comida.
Me llevaste al médico y a pesar de todos nuestros malos asuntos me agarraste la mano y te quedaste ahí, viéndome fijamente en la camilla de urgencias.
"Cuando será el día que te cuidarás, que hagas caso a tus enfermedades, que te alimentes bien..."
Que triste me siento, que te hice... tenía tanto miedo, tanto descaro.
Tu si me mirabas con ganas de desprenderte el alma y no una hambruna delirante.
Nunca buscaste llenar tu soledad con obsesiones ni encuentros sexuales, no bastaba ser inocente para caer en ese juego.
Se debía ser estúpido.
Aún así.
Esta noche determine que te pertenecían todas mis ansias y que sin saberlo era algo mas que tu y yo, éramos el mismo lugar.
B.
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