"No cierres ninguna de tus ventanas. Te confieso que sólo siento que la luz me atraviesa entre estos pedazos que nos quedan. No puedo ser de Andalucía, no conocía los colores de tu tierra pero de una cuestión insegura surgía el hecho de amarte con locura. Poco fue el tiempo que me permitió sentir el sol a medianoche."
Eran sus cuentas resumidas. Sus riesgos permanentes
representaban todo lo idealizado de Neruda. El grito silencioso de su corazón.
Pero esas eran costumbres de las noches, la de mentir y exhibir pasiones
atormentadas por los años.
Estuvo deseando tantos años volverla a ver que cuando
sucedió fue incapaz de decirle sinceramente lo que debía. Irónicamente ella lo
sabía y aunque le hizo esa pregunta tan fuera de sí, no le respondió. Anuente a
esa mentira, siguió todos los pasos que atraía el momento. Lo veía, entre su
astuta arrogancia y amor propio que era capaz de soportar que no existiría el
después. Pero estaba lejos de ahí y comenzó a creer que perdía su tiempo.
Fugaz y fulminante, ir y venir, estás o no estás... y
comenzaba a tener momentos realmente críticos de confusión, que decidió ante
esa tormenta de indecisión y penas pasadas, dejar huir a la muerte lo que no
pertenecía a su tiempo. Decidió que era una razón menor el querer a quien nunca
lo hizo, al que nunca decidió conocer sus cabellos.
B.
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