Las tardes siempre nos dan un poco más para convertir conversaciones sanas en reflexiones de lo más absurdas.
Casualmente ella me contaba una de esas "situaciones absurdas". Dice que ella era un "caso pendiente" para alguien (el "alguien" no sabíamos si era perro o gato).
Siempre he sido un poco lento para entenderle a la gente y siempre continúo con el "¿Qué significa eso?", lo que predice una larga y apasionada explicación.
"Caso pendiente", "hambre vieja" o cualquiera de esos refranes socialmente aplicados a aquellos individuos que se tienen que concretar para bien o para mal. Esa es la definición puntual, según entendí.
Entre mi falta de persuasión y alta estima de interesante terminología, ahonde en el tema y escuche lo siguiente:
"La gente es capaz de todo con tal de saciar su curiosidad y su hambre. Hambre de todos los tipos. Imagínate un hambre de intelecto, de amigos, de amor o de sexo. He sido parte de esas hambres y me he sentido realmente confundida con ellas. Tengo tiempo que ya no me victimizo y me dedico a comer también. Si tu piensas que se retractan, te equivocas. La mayor fortaleza para lograrlo es no haberlo logrado... Se debe definir esa idea que vacila el pensamiento y convertirla en carne con hueso. La gente miente. La gente te vende la mejor versión con tal de excavar tu propia tumba. Te juegan al oído y dicen exactamente lo que quieres escuchar. Quitan la ropa y la rasgan para dejarte incapaz por unos días, meses o años. Desaparecen como sombras cuando esta el sol de mediodía y siguen vigilando como ánimas en las noches. ¿Te engañan? No. Te dan lo que quieres y cuando lo quieres (si en verdad son lo que pensabas). Es posible que sobrevivas y te arrepientas o que te lo comas todo también y te lo calles... Entonces ahí entran los innombrables, los que solo vivirán como un evento desafortunado, porque es exactamente eso lo que quisieron ser. Tú decides siempre de que forma saciar el hambre. Tú decides de que forma vivir tus casos pendientes. Las cuentas siempre se saldan y no me dices que si te mueres ya el banco le cobra al seguro tu deuda. Nunca nada queda simplemente... así. Se paga en esta o en la otra esquina, esa que dicen existe después de la muerte.Me han tocado muchos. Algunos realmente idiotas (que me creían más idiota) o algunos realmente placeres inmortales. Decidía al fin que no me daba más que perder si lo hacía o no. Así que a menos que fuera muy grande la deuda y el tiempo teniéndola, las iba pagando y esa por ahí mismo la deshacía."
"Todo el tiempo la estamos pagando. Esos que andan jugando y apostando las pierden todas, como las mentiras de patas cortas que dicen. Irónicamente, pierden más. Queda nada en ellos y nada en la nada a la que pertenecen. Así que aprendí con el tiempo a dejarme llevar por la estupidez de ese tipo de gente, a olvidarlas como me enseñaron a hacerlo y a recordarlas a quienes también me enseñaron a hacerlo. A vivirlas sin esperar su llamada al día siguiente y a ignorarlas como si nunca las hubiese tenido."
Yo definitivamente era una víctima de esa aplomada de palabras tan sinceras, que mientras ella miraba el ventanal de ese tren, vi como su mirada se perdía en cada parpadeo. Ella no era la misma, por lo menos la que conocí hace diez años.
Sonrió y me dijo que había sobrevivido a peores.
Me toco el rostro con su mano y me preguntó: "¿Por qué crees que estoy sola? ¿Por qué crees que ya no espero?"
Le dije: "No lo sé."
"Porque... En cada momento que decidí perderme también dejé de creer."
B.
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