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Historia de un tren en Paris

Sus lágrimas fluían en el estrepitoso tren. Entró como escondiéndose de todos, como deseando no ser evidente. No existir. Yo no evite la mirada curiosa en medio de mi soledad afectada por días de insomnio y dolor.

Jamás había sido tan difícil sobrevivir.


Le dolía. Escuchaba sus gritos de rabia, deseando compasión de quién sea en que creía. Cerraba el aliento en medio de su garganta, como quemando cada momento a su lado. Deseando ver morir cada recuerdo que la arañaba en medio de esa escena de idiotez.


Le había encontrado entre esa mentira que había estado evitando. Era una advertencia a no volver. Se puede ser tan diminuto en un suspiro, se puede perder tanta humanidad en cada persona que se conoce.


La vi agarrarse su barbilla, reflexionaba entre las luces que perturbaba ese oscuro túnel, las mismas tan sublimes como ella. No podía creer que vivía tan cerca de mi y sentía su dolor. Ese que sólo comparten a solas las almas perdidas.


Sus lágrimas... detrás de esas gafas oscuras. Recordé inmediatamente algunas noches así, la vez que corrí media ciudad debajo de la lluvia para llorar como estúpida porque el dolor me ahogaba. Era un grito atravesado, era un no puedo y estoy aquí aguantando toda la tierra encima.



¿Qué dicha no?



Fácil es encontrar muertos en este tren de París.



B.

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