Se puede tener la razón, que esos asuntos del corazón solo provocan días sin conciliar el sueño. Pero en realidad ¿Cuántas veces se ama?
No describiría que sería estar así, tan lejano, tan profundo. Ese vaivén de ser o no ser. Tal vez se haga la necesidad de decirte cuánto te desprecio. Aún así, no puedo.
¿Algún día? Necesito un par de días para reunir esta incesante sed de odiarte, de despreciarte. Esto duele así, tan sublime.
Pero me miro en las hojas de mi pasado, tantas sonrisas que no llegarían a tocar lo más profundo. La cursilería se había convertido en cosas de noches y no días enteros. Los besos a pedazos, los abrazos de programación pagada, el sexo en el balcón, los sueños que no son sueños.
¿Te puedo querer menos? Puede compadecerse la noción del tiempo de este arrebatado pronóstico. De mi muerte prematura en mis días más tristes. No hacía falta caer.
Propusiste conocer mis secretos para olvidarlos, para enviarlos en una postal al otro lado.
¿Dónde esta ese amor del que tanto escriben, del que tanto hablan, del que tanto gritan, del que tanto besan? ¿Por qué no está aquí, conmigo? ¿Por qué solo vivo para poesía de vacaciones?
Por mi, que se olvide el sentido de eso, no puedo percibir que tu silla sigue ahí.
Te irás con esas palabras de las mañanas, esos saludos que pasaban más allá de mis piernas. Te irás con el intento de hacerme el amor, con los besos que no tenían nada de mi.
Ya no recuerdo como se hace, ni como quisiera hacerlo.
Rozarás el sueño de mesas compartidas, desayunos de café. De intentos fallidos de amarte. Por todos los hechos anteriores, solo puedes intentarlo lejos de aquí.
B.
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