"Lloraba. Lloraba inconsolable la pobre, como podía yo decirle que no la podía olvidar pero que era lo correcto."
No es bastante saber que tenia sus cabellos sueltos en el piso de mi habitación, solo recostarme entre las sábanas me hacia recordar su rostro fijo bajo la tenue luz de la luna que nos acompañaba, esos ojos avellanas que me carcomían el corazón, me penetraban en los miedos de perderla. Tenía mi alma enclavada en la forma que su cuerpo se movía, subiendo las piernas entre las barandas de mi cama, le encantaba plegarse en ellas y decirme lo mucho que amaba la gimnasia; yo amaba la rareza que podía hacer conmigo.
Pero corrió a la otra habitación, la tranco y escuchaba sus sollozos. Le robe el aire, le robe los suspiros. La enamore. Ella no me pertenece, no me pertenecerá. Tal vez solo tenga la dicha de escuchar su risa destruir mis oídos, mi ser se desbarata en su posible reencuentro conmigo. Salió, se le había corrido el delineador, sus mejillas tan rojas como me gustaban. Me miraba con enojo, pero tanto amor confundido. Ella me amaba.
Recuerdo el primer beso que le robe, mi ser se fue como destello a todas partes del cielo. Era la mujer más hermosa que había visto, no podía detenerme, era inconsumible. Todas las noches la buscaba, entre las sombras de las calles la miraba caminar, sus cabello rubio alborotado perpetuaba mi desdicha, su rostro perfectamente tallado y su pijama de niña; se fugaba conmigo para dejarse perder.
Nos dijimos tantas cosas, siempre fuiste tan sincera. Te amé con locura, te hice el amor con el alma. Yo quería el aire que respirabas, yo quería consumirme en tus besos desollados. Yo quería vivir en ti. Pero eras tan predecible, tan palpable. Eras mi fantasía, añoraba tu cintura mientras me decías las palabras mas sucias del mundo. Definitivamente eras el sol.
Te abrace. Mis lágrimas no se detenían. ¿Cuánto amor me habías dado? Yo era el motivo de tus arrebatos. Te dije, hoy dejo de amarte. Estupidez y media la que sale de mi boca, tus ojos se oscurecieron, se centraron en la nada. Dijiste: "Ya me has hecho mucho daño, no tienes derecho a olvidarme. ¿Acaso fui la obsesión de verano?" "No tienes idea, no tienes idea de lo que has provocado, me has partido en dos, me has confundido en dos, me has hecho irracional, me has hecho amarte con locura y odiarte con pasión, me has hecho soñarte, me has perturbado, has marcado mi piel con tus besos y aún así quieres que me quede contigo. Pero no eres capaz de amarme, no eres capaz de protegerme de ti." Hubo ese silencio tan profundo.
"Vales tanto. No puedo seguir haciéndome daño. Yo estuve por ti, pero estabas tan confundida entre él y yo. ¿Por qué? ¿Qué tiene él que no lo dejas? He llorado algunas noches, he pensado lo que él hace contigo. ¿A dónde me llevas niña? Amarte hasta los huesos. Amarte hasta el cansancio, amarte en mis trasnochos. Amarte con locura, amarte en las comidas, amarte de lejos. Ignorándome cuando estamos en público, mi alma se desbarata cuando lo haces. Quisiera gritarle al mundo cuanto te amo, ¿Tu lo sientes? Sientes cuando te amo. Pero la vida no te quiere para mi. Te quiere para el viento. Sólo espero que ese mismo te lleve a mi pecho y te clave hasta que sangre para no dejarte suspirar. No dejarte correr, no dejarte llorar. Así de loco te amo, hasta partirme el alma en el tiempo y desearte viva."
Ella me miro tan pasiva, tan sublime y secándose los ojos me dijo:
"Él jamás me cambiaría por la soledad. Pero hay algo que se de ti." "Eres el motivo de mi desdicha, sabor a miel, tan imposible. Así te tengo, quisiera comprarle el alma al aire para vivir en ti siempre. Se que me amas, pero somos tan distantes. Te deseo a cada instante pero no lucharé contra lo que debe ser, me enamorare de tu recuerdo y dejaré que me pierda para siempre"
Y así, tan perfecta como la conocí.
B.
B.
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